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Había una vez, un pez de nombre Volans que soñaba con nadar entre las estrellas. Un día él escucho sin querer una plática entre la Tortuga y el Delfín. La Tortuga comentó que la Coneja Lunar concedía deseos imposibles. Debido a eso, Volans fue en su búsqueda, una noche de Luna Llena. Él pidió su deseo con toda la fuerza de su corazón, ella lo miró a los ojos y a Volans le salieron alas. Él salto sobre el mar, aleteo y comenzó a nadar sobre el universo. Todas las noches de marzo aproximadamente a las 7pm, se puede ver con claridad a Volans en el cielo, nadando con las estrellas, como él deseó desde pequeño.
Lemuel Luna
Texto desarrollado en el taller de libro artesanal
22 de marzo 2013
Delirio de una piedra
Epígrafe David y Goliat
David metió su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra y la arrojó con la honda, hiriendo al filisteo en la frente. La piedra quedó clavada en su frente, y éste cayó de bruces en tierra.
Así venció David al filisteo con una honda y una piedra, y lo mató sin tener espada en su mano.
Entonces David corrió, se puso sobre el filisteo, y tomando la espada de éste, la sacó de su vaina y lo mató cortándole la cabeza con ella.
1 Samuel (17:49)
Estaba por ponerse el sol a los pies de la luna, ya casi se llegaba la hora de un momento histórico. Me vestí de desnudez, pero sin perder mi imagen ruda. Era tiempo de pasar a hechos y dejar las palabras para después.
Me sentí orgullosa al ser la elegida de entre las cinco concubinas del pastor. Quizás por la velocidad de mis movimientos o tal vez por lo mortal de mis acciones. Él posó sus fuertes manos en todo mi cuerpo, lo que me provoco un escalofriante placer. No había en él miedo, se entrego a mí con decisión, valentía y fe. Yo le correspondí con la misma gracia.
Sin embargo, no me daba por satisfecha, estaba tan estimulada que quería cada vez más y dos manos no eran suficientes. Me di cuenta que la mirada de un soldado se clavaba en mi espalda, lo mire a la cara y lo invite a gozarme. Cerré mis ojos, contuve la respiración y deje que pasara lo que tenía que pasar.
Al concluir la cópula, me di cuenta de la gran tragedia. Me sentí culpable pues mis ganas se llenaron de sangre. El pastor se encelo del soldado y me susurro al oído que acabara con el juego. Yo perdida en el éxtasis, me volví violenta y lo seduje hasta que perdió la cabeza. Mi hombre dio la estocada final, al cortársela con su propio orgullo. El se sintió victorioso y yo al recobrar la cordura me di cuenta que solo había sido utilizada para llevarlo a él a la gloria.
LEMUEL LUNA

Texto desarrollado en el Taller Vertigo en la Palabra Incendio.
26 de febrero 2013
Encomienda: Leer la biblia, la parte de David y Goliat, para describir las sensaciones y emociones de la piedra.
Yo recuerdo el perfume de su cabello.
Yo recuerdo lo salado de su cuerpo.
Yo recuerdo los gemidos de su llanto.
Yo recuerdo la emoción en sus ojos tras mis palabras.
Yo recuerdo el calor de sus abrazos.
Yo percibo el olor de mis miedos.
Yo pruebo la fuerza de mis palabras.
Yo escucho esa voz de apoyo.
Yo veo como el miedo se hace pequeño.
Yo puedo tocar mi guerrero interior.
Yo oleré su aroma a vieja madera.
Yo probaré el negro y amargo sabor de sus labios.
Yo seguiré escuchando los latidos de su corazón cada mañana.
Yo seguiré viendo su mirada que me desnuda.
Yo me seguiré eclipsando en todo su ser.
LEMUEL LUNA
1er ejercicio del Taller Vertigo en la Palabra Incendio
25 de febrero 2013
Me canse de buscar un tema para escribir. Al ver nuestra foto, esa de aquel 11 de enero, el gran día para nosotros, fluyeron en mis manos esas ganas de escribir caricias en tu piel y demostrarte en esta carta, solo un poco de lo que ese día significó para mí y lo que seguirá representando cada vez que vea esa foto.
Recuerdo todo lo que pasamos ese día. Fue ya hace tanto de la primera mirada, el primer hola, la primer pelea, la pena y el miedo que abundaban, la entrega y la pasión.
Pero ve, seguimos aquí, juntos después de dos años de buenos y malos momentos, donde existieron noches y días de inspiración y bloqueos mentales; de silencios y en ocasiones gritos; de peleas de cosquillas; de golpes accidentales en la entrepierna; de coraje y de celos; de un lenguaje de miradas; de tus momentos inapropiados para tocarme; de cosas que no podemos contar y otras tantas que el mundo nos vio hacer; de esas risas de la nada, gracias a ese “tonto chiste que no me acuerdo”; de ese llanto en la madrugada, porque me duele no dormir contigo; de decisiones incorrectas y errores que nos hacen aprender; de separaciones dolorosas que no duraron más de 1 día porque nuestro amor es fuerte y no sé si será Dios, quien decide que nuestro camino siga un mismo rumbo.
Me faltan palabras y me sobra sentimiento para hacerte saber lo mucho que te amo. Todo es diferente desde que estás conmigo. Soy cursi y aunque me critiques por eso, se lo mucho que te gusta porque con mis palabras más de una vez te he enamorado. Gracias por ser fuerte cuando soy débil y por hacerme ver que si lloro deba ser sólo de felicidad. Soy un pinche tonto y tú me conoces tanto, que sabes leer en mis labios la mentira o cuando algo no va bien tú logras hacer que lo confiese; no me gustaba tu música y ahora no dejo de escucharla; sabes que soy el hombre que hace listas que no termina, pero algún día a tu lado lo lograré, porque conoces también que soy de paso lento y aunque te desespero sé que me amas tanto como yo a ti.
Mira como hemos cambiado por dentro y por fuera, pero en nuestros corazones sigue siendo 11 de enero. Ese día inolvidable que hizo la diferencia entre el es, el fue y el será.
Lemuel Luna
Texto desarrollado dentro del Taller de Edición de Textos.
11 de enero 2013